Camino, luego pienso…

Escuchar el ensayo “Dar un paseo” de William Hazlitt, me hizo recordar cuando mi padre después de cenar realizaba un recorrido a pie por el barrio. Él decía que estaba “empanzonado” y, para poder dormir bien, tenía que bajar la comida con una buena caminata. Tal vez era una excusa lo de la digestión, pues, la finalidad era reflexionar sobre su comportamiento. Lo supongo, porque a su regreso conversaba con mi madre en un tono más calmado; diferente a los días anteriores que casi no se hablaban porque andaban irritados.  El otro día mientras observaba en un documental a un mono araña columpiarse entre árboles; pensé, cómo perciben la vida los primates cuando se bajan del árbol y empiezan a caminar. Luego en el documental mencionaron que probablemente una de las causas de la evolución humana fue cuando nuestros ancestros empezaron a bajar del árbol. Y así entonces, caminamos con el fin de descubrir y contemplar lo que hay más allá de nuestros muros mentales.

No obstante, con el ajetreo cotidiano del capitalismo, nos orillan a que todo lo hagamos lo más rápido posible; ya que nos han dicho que, si no estás acostumbrado a trabajar a presión y hacer mil cosas a la vez, eres un inútil. Incluso, dejar que te exploten es uno de los requisitos para obtener empleo, y así lograr el éxito prometido. Y si lo anterior le agregamos el tráfico de problemas personales, el confinamiento, y a demás que, forzosamente debemos trabajar más de ocho horas porque el salario es miserable y no nos alcanza para vivir dignamente. De ahí que el proyecto del capitalismo es distraernos. No quiere que tengamos tiempo para florecer a través del ocio, ya que para el neoliberalismo desperdicias el día cuando no estas generando ingresos. El ocio arruinó antes a reyes y ciudades florecientes le aconsejaban al poeta Catulo. Por tanto, no quieren que nos detengamos a pensar.

A partir de lo dicho, tenemos que recuperar la belleza del asombro, contemplar nuestro alrededor sin interrupciones y, simultáneamente, absorber imágenes para convertirlas en palabras y acciones. Por ello, el crítico literario inglés, William Hazlitt en su ensayo dar un “Dar un paseo” revalora la importancia de caminar, nos dice: el alma de una caminata es la libertad, la libertad perfecta de pensar, sentir y hacer exactamente lo que uno quiera. El crítico inglés, menciona que prefiere caminar sin compañía, ensimismado en su soledad, ya que, para él, nunca se está sólo cuando se está a solas. Ahora cada vez que emprendo una caminata tengo los consejos de Hazlitt girando en mi cabeza, por ejemplo; cuando menciona que cuando está en el campo, desea vegetar como el campo hasta convertirse de nuevo en él mismo.

De modo similar está el ensayo, “excursiones a pie” del escritor escocés Robert Louis Stevenson, donde comparte sobre lo emocionante que es disfrutar un paseo. Y como Hazlitt, recomienda hacerlo en soledad para no estropear el silencio meditabundo del tiempo, y añade, que uno en su caminar, debe decidir en libertad dondequiera parar o continuar. Ir a su propio ritmo, no hacerlo como si fuera una competencia. El escritor puntualiza, que se debe estar abierto a todas las impresiones y permitir que nuestros pensamientos adopten el color de lo que vemos.

También, en el libro “A pie” influenciado por sus antecesores, el poeta Luigi Amara en forma de versos, reivindica el paseo a pie. El autor escribe a caída libre. En sus primeras páginas dice:

Dejarse ir.

no confiar en nada sino

en la sensación del movimiento.

Un paso

                      luego otro

un paso

                       luego otro

el sonido desempolvado de los pies

percutiendo sobre el asfalto

aquel camino borroso

que establece el oído

como un tambor ambulante

redoble elemental

                           (enjambre

o zumbido interno)

plegaria locomotriz del que rehúsa

ser sólo un pasajero

                                           hilo

hilo instintivo por el que se deslizan

las cuentas de los pensamientos.

Siz saaz

                     siz saaz

la mezclilla que roza

a la altura de los muslos.

Zug

                 zak

zug

                  zak

la elástica distensión

de los zapatos tenis.

No pensar en nada

sino en la continuidad

de los propios pasos.

El eco que dejamos

sobre la corteza terrestre.

El monólogo del desplazamiento.

Algo menos que un estilo:

un ritmo intransferible.

La huella digital del caminar.

La fuerza de atracción que ejerce

el horizonte de una calle.

Ese estremecimiento hacia la fuga

que proviene del suelo y su planicie.

Asomado a un camino sin final

como el suicida al pie

del precipicio

vuelve el impulso de seguir más allá.

Dar el paso de lanzarse.

                                 Dejarlo todo.

Rendirse al vértigo

del horizonte.

                           A la caída libre

del vagabundeo.

Abandonarse.

“Tener abierto el animo

a toda clase de impresiones.”

Dejar que el pensamiento adopte

el tono de lo que se va viendo.

El arte de saber flotar

al caminar.

Un mero flujo abierto y receptivo

que ha incorporado a su espesor

los pequeños tropiezos

las pausas y vacilaciones

                                la contrariedad.

El trazo

de un dibujante fiel a los relieves

-a los accidentes imperceptibles

                                       del papel.

El humo de la pipa

en el juego del viento”

Quizá porque estuvo inmóvil

buena parte de su vida postrado

En una cama

Robert Louis Stevenson escribió:

“De todas las posibles disposiciones del ánimo

ésta

en la que un hombre se pone en movimiento

es la mejor.

Amara a través de su mirada nos invita a recorrer cada parte del cerebro de la urbe. Caminar es escuchar el lenguaje de la ciudad, y la ciudad como un ser querido que sin ambigüedades te explica a detalle cómo es la vida, como queriéndote a aconsejar. Así que cuando salgas a caminar, observa igual que una cámara fotográfica y, se el humo de la pipa de la ciudad.

En suma, caminar es saludable fisiológicamente porque nos ayuda a controlar la hipertensión arterial, la diabetes, el hipercolesterolemia, las alteraciones cardiovasculares, etc. Los médicos y otros especialistas recomiendan aproximadamente diez mil pasos o una hora diaria, aunque los autores anteriores mencionan que tres horas son suficientes y luego a pensar. Asimismo, caminar combate conflictos emocionales como: la depresión, el estrés, el insomnio, entre otros. El acto de ir a la deriva es un maravilloso ejercicio natural y barato. Tiene muchas ventajas, bueno, también desventajas, tal como; que debes tener cuidado para que no te vayan atropellar o caerte en un hoyo como Tales de Mileto. Entonces, has del caminar un ocio que te conduzca al pensamiento crítico. Abandona en el camino a la persona que tú no quieres ser. Y como sugiere el grupo de reggae mexicano “Ganja” en su canción, caminando:

Yo quiero irme hacia el mar/ aunque me vaya yo caminando/ ooooo caminando/ ooooo caminando/ ooooo caminando.

… no hay, no hay prisa de llegar.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s