Miguel Ángel Canté Chan

Miguel Ángel Canté Chan, nació en Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, pero creció en la comunidad maya de Señor. Es licenciado en Gestión y Desarrollo de las Artes por la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo. Fue seleccionado para una estancia en la Universidad de Lethbridge en la Provincia de Alberta, Canadá en donde estudió Artes Dramáticas y Lengua Francesa. Ganó un certamen municipal de oratoria en lengua maya en 2015 y un certamen municipal de poesía en el 2017. Fue seleccionado para la beca de Jóvenes Creadores otorgado por el FONCA en el periodo 2017-2018, en la disciplina de poesía en la categoría de Letras en Lenguas Indígenas. Uno de los 10 finalistas del 1er Concurso de Cuento Quintanarroense, cuyo cuento estará publicado en dicha antología. recientemente gano el concurso Antología de Cuento Quintanarroense con su cuento “Morena”.

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¿TE ACUERDAS DE TU PRIMERA VEZ?
estabas borracho, no podías ponerte en pie
la necesidad te estaba viendo con sus desabridos ojos
estabas vacío, pero la casa estaba llena
de dudas, de miedo, de lo que sea, pero estaba llena

¿Sí te acuerdas?
derramaste tu bebida y lloraste un poco
el vaso se rompió, te cortó los huesos
la sangre se burló de tu cuerpo y se rehusó a salir
te secaste ligeramente y te abrochaste el cuerpo
él, te llevo a gatas tomado de la mano

¿Ya te acordaste?
te llevó a espaldas de la casa
te metió los dedos y la lengua
en lo más inhóspito de tus aberturas
quisiste correr, pero tus piernas estaban tan borrachas como tú lo estabas
te volteó fuertemente, te desmoronaste como una hoja seca
colgada de una rama vieja y tosca
te rasguñaste la cara y él te rasguñó un pedazo de tu vida
Sentiste resbalar su verga entre tus nalgas
como una cruenta serpiente incapaz de detener sus impulsos
¿Te acuerdas del dolor, de la miseria, del llanto
de cuando te arrancó la boca con sus dedos para que no gritarasde cuando te mordió los dientes?
La noche se sentía incómoda
él estaba muy pesado y te mareó el sudor que resbalaba de tus labios
tu cabeza giraba y tus manos y su verga adentro de tus nalgas
te jaló del cabello, te arrancó las dudas
le dejaste una marca en el cuello con tus uñas solitarias
le pediste que parara y le mordiste una oreja
pero se quedó sordo a medio palo y ya no pudo escucharte
le escupiste los ojos, la lengua, sus encías sanguinolentas
y le mojaste las manos con tus lágrimas, pero no paró
porque lo usó como lubricante

¿Te acuerdas de esa noche?
cuando el cielo estaba abierto, como tus piernas
como tu mirada, como ese corazón que dejaste tirado detrás de esa casa
el dolor resbalando entre tus nalgas, en el pozo de tu garganta
cuando te dejó descompuesto sobre el pasto
con la pena derramada
y la vergüenza embarrada en tu espalda
con la borrachera todavía dando vueltas en tu cabeza

¿Te acuerdas de tu primera vez?
No pasa nada si no quieres hacerlo.

ES DIFÍCIL PERDER A UNA AMIGA
perderla entre los árboles o debajo de las piedras
porque, aunque lloras quedito todos te escuchan
y cuando gritas su nombre, nadie te entiende

La alegoría a la diferencia se me hace absurda
una burla disonante
una famélica excusa para el odio

Perder a tu amiga es perder tus manos
y también la voz cuando quieres cantar solo
en el baño después de masturbarte
Cuando se den cuenta de su diferencia
en lugar de tratar de comprenderlo
le tendrán miedo;
a su mirada honesta
a su cuerpo absurdamente femenino
entonces, devorarán todo el ruido y bajarán el interruptor de la noche
Perder a una amiga significa perder los ojos
y la luz en todo el cuerpo
porque una vez en el suelo ya no puedes volver a encenderte.

HUBO NOCHES EN LAS QUE EL ALCOHOL NO FALTABA
ni el ruido, ni el olor a hombre
ese olor que se derrama sobre el pecho
o en la cara o en donde le queme más a uno
que arde en los ojos, un olor blanco, un poco espeso
líquido en ocasiones cuando el esfínter se pasma

Sobraba tanto la risa
que no nos dábamos cuenta del acontecer nocturno
jugábamos a ver qué tan adultos podíamos llegar a ser
en los baños, con otros niños que también jugaban a lo mismo
orinábamos juntos, salpicándonos los zapatos
con el recuerdo amarillo de nuestra niñez prematura

En los otros cubículos salía siempre ese olor blanco
con gemidos que distorsionaban la música de afuera
entonces, nos dábamos cuenta de que no éramos adultos todavía
porque siempre terminábamos orinados y llorando
en camas ajenas a las cuatro de la mañana.

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