Mis “Distracciones del más allá” y la Transpoesía: Alí Benítez

Mis “Distracciones del más allá” y la Transpoesía

 

Honestamente me es un poco difícil transmitir en palabras simples cuáles han sido mis intenciones en torno a mis publicaciones no precisamente literarias. Nuestro mundo está empachado de confusión y no siempre se percibe, por lo que tampoco se sabe que esa hiperconfusión se trata de un problema que está corrompiéndonos y dañando el núcleo de cada identidad humana.

Lo más dañino es que hablamos de una hiperconfusión hacia adentro, o sea que no es explosiva, sino implosiva, y por su naturaleza implosiva no es vista ni escuchada, pues la realidad social es un ruido ascendente cada vez más estridente.

Estamos ante problemas más que preocupantes si uno aún permanece despierto, pero si uno se duerme como la mayoría de los demás, entonces la preocupación solo pasará como una mosca o una cucaracha sobre nosotros mientras dormimos.

En mi caso, tengo una afectación muy personal que he logrado manejar en mi beneficio. El lenguaje es una de las víctimas de la hiperconfusión implosiva humana, y en eso me he visto afectado y ofendido.

Adjudicamos las culpas a la posmodernidad, a la tecnología y su repercusión en la capacidad de pensar, en/a la desinformación, la infoxicación crónica y la posverdad, y podemos enumerar posibles culpables de la hiperconfusión implosiva humana, pero casi siempre resulta que sucede como el dilema del huevo o la gallina, aunque para mí sea lógico que primero fue la gallina.

O sea, lo mismo que es la posible consecuencia en realidad puede ser la posible causa y viceversa (evidentemente). Las problemáticas actuales son tan complejas y enmarañadas que es toda una complicación intentar desenredarlas para comprenderlas y casi nadie se toma la molestia.

De hecho, las perspectivas son perspectivas y nada más que perspectivas, no son análisis, no son reflexiones ni observaciones ni nada por el estilo, incluso es más común que tales perspectivas sean en realidad opiniones y ni siquiera perspectivas.

Así que el lenguaje no es solo una víctima, sino que pasa a convertirse en aliado de la perversión del pensamiento crítico ahora convertido en hipocresía mediática. De modo que, artes que están ligadas totalmente al lenguaje, como la poesía, obviamente se encuentran profundamente perjudicadas perdiendo identidad y que más da el interés popular. El interés popular no preocupa tanto en realidad, como sí lo hace la pérdida de identidad.

Tanta es la pérdida de identidad del lenguaje y sus artes como la poesía, que sufren de la burla involuntaria de muchas personas que padecen hiperconfusión implosiva a diario; personas que no reconocen su origen o que quieren ver prácticamente todo como constructivismo social, así que la mujer no es mujer, el hombre no es hombre, pero el transexual sí es transexual y es mujer en la mayoría de los casos. Combinado esto con la devaluación altamente creciente del lenguaje, prefijos como “trans” son usados para combinar un tema con otro que no tiene nada que ver.

Por ello, si buscas en redes sociales #transpoesía, verás que “trans” se refiere a la transformación de género sexual, mientras que “poesía” se refiere a algo que casi nadie entiende y que casi nadie ha entendido a lo largo de la historia.

Ya está de más dicho que la “poesía” de estos tiempos difícilmente lo es, hay muy pocos autores que realmente estén logrando crear poesía, y más difícil es que lo logren a esta altura de la historia cuando el lenguaje se está agotando y los recursos también. Lo que antes sorprendía, ahora aburre o de plano pasa desapercibido.

Y bien, parece que ya no hay manera de hacer una confrontación productiva ante y contra los desinformados que ignoran estar abusando de la libertad de un lenguaje que ni siquiera saben usar, sería inútil y torpe una confrontación así. Por lo que no queda más que jugar, pienso, y apropiarse también de los términos inventados por quien sea, por uno mismo y la otredad imaginaria.

Por esto, es que yo propongo que la Transpoesía sea una transformación de cualquier género a poesía. Cosa que en realidad es imposible, como lo es con cualquier identidad biológica que quiera ser otra, no se transforma, solo se falsifica y se autopercibe.

Así, la Transpoesía se autopercibe como una especie de poesía, pero reconociendo que desconoce deliberadamente su identidad, es paradójica en todo sentido, se puede oír que su voz no corresponde a la voz poética original y, sin embargo, puede adquirir/copiar su sensualidad y su modo de andar, provocando en algunos una transpoéticafobia interiorizada o manifestada, y en otros, una disimulada o evidente atracción.

Sabiendo que vivimos hiperconfusos, la Transpoesía abusa cada vez que quiere de la encriptación, pero lo hace conservando cada vez que quiere cierta elegancia y estilo. De esa manera obliga al lector a rechazarla de tajo inmediatamente o a mirarla y observarla con detenimiento hasta encontrar su forma y descubrir sus secretos o gran parte de ellos.

Presumiéndose a sí misma como Transpoesía, no solo se limita a confrontar ese irrelevante error de usar el prefijo “trans” con connotación de identidad de género sexual, sino que también le sonríe de manera burlona a todo aquello que se maneja con ignorante insolencia, el uso de palabras como “seudo”, “filosofía”, “poeta”, y muchas más que parecen no estar interconectadas pero que lo están en el sentido de que han perdido el significado que tenían, aunque realmente no lo hayan perdido.

Como el significado realmente no está perdido, lo que podemos razonar es que hay multitudes de personas confundidas y pocas comunidades. Existen comunidades que lo son en torno a la percepción inmediata, irreflexiva, pero no porque lo sean realmente, y estas comunidades o islas, o individuos, representan un vacío fenomenal, así que cuando mucho pueden existir ciertos canales. Canalizar entonces puede ser una de las alternativas, tanto de adaptación como de innovación.

Buscar los canales ya “existentes” o crear algunos nuevos. Con mi libro Distracciones del más allá, de pura Transpoesía, no trato de crear nuevos canales, pero sí de buscar los ya “existentes” entre comillas, porque casi todo está prácticamente condicionado a la percepción.

Además de que seguramente son canales aislados o muy aislados, son de extremas diferencias entre sí, lo que lleva a Distracciones del más allá a ser silencioso y sutil con sus intenciones, a viajar casi como furtivamente y desde el noimpacto, no ruido y no amplia difusión, pues estas interdicciones (sujetas a posibles cambios sin previo aviso) forman parte del método de canalización, logrando percibirse como tan irrelevante que no preocupa, pero que puede, advirtiéndolo descaradamente, en algún momento resultar incómodo para ciertas islas posiblemente poderosas o influyentes.

De todos modos, de no lograrse ningún tipo de trascendencia, se alcanza el objetivo del discurso de la Transpoesía que yo ofrezco, y que en mis Distracciones del más allá dejo asomar en un balance entre encriptación y descaro.

Parte del discurso es la formalidad o informalidad aleatorias del formato y del tipo de creatividad. Esto ya lo venía manejando (confieso aún sin la definición) desde el garabato de Ente el olvido y el amor-fo, cuya redacción constó de una etapa de más de diez meses de angustia y placer por la misma. Ahora, con Distracciones del más allá, no hablamos más que de una noche de insomnio inducido, en donde me obligo a expresar confesamente lo que estaba pensando en mis últimas distracciones de esa semana aún en el confinamiento por la pandemia del coronavirus.

Por cierto, en una charla con uno de los primeros lectores de Distracciones del más allá, José Luis Salgado, conocido como el Juglar de Cancún, detectó esa similitud entre el libro Ente el olvido y el amor-fo y el libro Distracciones del más allá. El primero, como ya he mencionado, ya tenía una intención, pero esa intención no tenía su propia definición, que casi involuntariamente se consiguió con Distracciones del más allá.

Un dato curioso acerca de la creatividad, es que algunos consumidores de literatura no producen literatura, mientras que algunos que consumen más filosofía o ciencias o conocimientos relevantes, producen literatura. O si un autor de canciones escucha una canción pop, no necesariamente produce una canción pop, a veces la influencia se manifiesta de manera tan ajena a su origen, como producir una canción de trova o de rock o de cualquier otro género. No siempre es así, claro, pero estaría bien que los creativos no se enfrasquen en querer ser influenciados por los mismos estilos que intentan producir, y que tampoco se enfrasquen en un estilo, lógicamente.

Cuento este dato curioso, porque Distracciones del más allá es el producto irónico de una autoinfluencia. Mientras que yo preparaba otro contenido, para otra cuestión totalmente diferente, se me ocurrió hacer una pausa y leer el pequeño libro Posmoderna Oquedad en el que colaboré con el escritor Mauricio Ocampo. Me gusta el estilo de Ocampo, algo rudo y objetivo, y leerlo en lo que él considera poesía cyberpunk me pareció muy interesante; inclusive ciertos juegos que hace con la redacción, de los cuales no soy partidario, pero que me hacen considerar al necropoeta Ocampo como un anarcopoeta.

Después de su breve sección seguía la mía, que ya no era poesía cyberpunk, sino Transpoesía, una palabra que como ya he mencionado, me la apropio yo porque nada existe y todo es cuestión de percepción, y porque nadie la inventó y vaga como un término sin significado construido, más que una trivial intención de asociarlo a movimientos de liberación un tanto distorsionados e infundados, de hecho, insustanciales y lo digo con respeto. Cuyos textos no son transpoéticos, sino simplemente, cuando mucho, “contestarios” de “poetas” transexuales o aliades.

Al leerme a mí mismo, no me di cuenta que estaba desencadenando una serie de ideas que estaban condensando mi espíritu creativo y volviéndolo temporalmente infértil. Fue como si me fecundara a mí mismo y en ese mismo instante diera a luz una serie de treinta y cuatro textos breves y ultrasustanciales relacionados directamente con esos pensamientos culpables de mi falta de concentración de esos días, que principalmente tuvo que soportar mi Florecita Vida. Me liberé y nos ayudé, mediante una involuntaria autoinfluencia.

Concluyo diciendo que la auténtica Transpoesía se ve totalmente presente en mi libro exprés Distracciones del más allá y se presentaba de manera parcial en Ente olvido y el amor-fo, mientras que en mi libro Odio a las cucarachas sencillamente pasa la Transpoesía por la orilla y se inserta sigilosamente en la esencia de algunos textos sin instalarse por completo.

Mis otros libros no son Transpoesía, pero están dinámicas afines, como el caso del juguetón libro Melomanía melancólica, y del libro, evidente en intención crítica autodestructiva (profunda y sarcásticamente hablando) Esto claro que NO es poesía.

 

Muestra de textos del libro “Distracciones del más allá”

 

III

Nunca pude

tener un diálogo sensato conmigo,

sino era un abismo el que interrumpía

era entonces

un aburridísimo laberinto

con deseo de autodestrucción.

 

Las emociones se vigilaban

unas a otras,

con tal de obtener el instante oportuno

para disparar

y así el terrorismo

de un pragmatismo inducido

me llevó a madurar profundamente

durante invierno.

 

El invierno era terriblemente aleatorio.

 

XVIII

Por eso nunca los espero.

Porque caen como pandemias,

como negros destrozados

del corazón, enjaulados,

viendo las extremidades de sus hijos,

esparcidas en el suelo confiscado por los belgas.

 

Las niñas blancas europeas

tomándose fotografías

con losniños negros africanos

que ven como primates (enjaulados),

acaso como simios

en proceso evolutivo

hacia ser un conflicto interno

entre libertad y venganza.

 

XXVII

Nuevamente el cielo se vistió de pared,

Sigmund Freud nos mira desde el piso,

con su psicoanalítica mirada, pero pensando

en la psicopatología de la vida cotidiana.

Lo ignoramos como es lógico,

así como ignoramos al terremoto que

nosotros mismos provocamos tiernamente.

El cielo se vistió de pared y

aunque se nos caiga encima…

 

XXXIII

Roberto Kiyosaki tuvo

un padre rico y un padre pobre,

algo que a mí no me interesa, pero que

puedo reconocer: qué bien por él, tuvo dos.

Uno le enseñó unas cosas y el otro otras,

Beto prefirió las otras, las riquezas,

algo que a mí no me interesa, pero que

puedo reconocer: qué mal que el mundo

sea tan simplón.

 

 

México facebook.com/MaredGuerra

 www.alibenitez.com ali-ahmed@live.com.mx

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