Cuarentena: Erick Martín

Cuarentena

Es la cuarta vez en el día en el que me siento contagiado por el virus. En la semana es el tercer día en el que me pasa eso.

Es jueves apenas y siento que en este mismo día ya han pasado dos semanas enteras, con sus fines de semana y todo.

No padezco hambre ni tengo carencias, mas que las afectivas.

El amor de mi vida hoy no está en mi vida (bueno sí está pero no de manera física en el mismo espacio) me ha dicho que mejor me ponga a hacer algo de provecho, jugar sudoku o algo por el estilo. Creo ya le cansó las múltiples veces que le he dicho que la extraño.

Tal vez a las 16 horas con 32 minutos vaya a la cocina. Siempre es bueno caminar un poco al día.

Hay 10 escalones entre la planta baja y la planta alta. 27 pasos de las escaleras a la cocina.

Ayer a las 13 horas con 05 minutos me puse a observar minuciosamente una fotografía que tengo con ella. A las 13 horas con 43 minutos descubrí que ella tiene un lunar en la oreja izquierda. Le escribí un mensaje de texto:

“Amor. He descubierto que tienes un lunar en la oreja izquierda. Te amo”

Así 13 palabras y 56 letras.

“No me había fijado amor. Ahora lo veo. Te amo”

Me respondió.

Pasaron cinco hormigas, una tras otra. Caminaron desde el cuadro que tengo en el rincón hasta la caja de libros de escritores latinoamericanos.

Hoy a las 07 de la mañana con 03 minutos descubrí que la huella digital de mi dedo anular de la mano izquierda se ha borrado un 63%. Debe de ser por el cloro con el que lavo los pisos de la casa. Mi cuarto tiene 110 ladrillos, cada uno de 90 centímetros cuadrados, treinta centímetros por lado.

Mañana a las 11 horas con 30 minutos voy a lavar cada ladrillo de mi cuarto con un cepillo de dientes, los virus son diminutos y nada mejor que una limpieza así.

El lunes intenté contar los pelos de la pata izquierda de mi perro pero no se dejaba de mover y me rendí en el intento 16.

Los vecinos han empezado a volar papagayos. Un día había un y tres días después habían nueve. Los papagayos parecen mantarrayas voladoras, usan un truco como prestidigitadores para esconder el hilo que los une a las manos de quien los eleva.

Los contagios se elevan en la ciudad, también los muertos. Quién pensaría que gente que hace apenas un tiempo brindó y se comió las doce uvas en año nuevo ya no está. No creo que hubieran pensando que fallecerían por un virus, no creo incluso que hubieran pensando en cómo sería su muerte.

Los del gobierno dicen que en unos meses acabará lo de la cuarentena, así todos ya podremos salir a la calle de nuevo. Creo podré investigar cuánto crece mi cabello por día o por hora.

El vecino escuchó 34 canciones el martes.

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