Y a mí, ningún cabrón me enseña nada ya: Antonio Leal

“Y a mí, ningún cabrón me enseña nada ya”. Lo anterior lo dijo el poeta Antonio Leal en una entrevista que se publicó en la revista Tropo a la Uña núm. 8, (julio de 2015, nueva época), él se refería que cuando asiste a un encuentro literario no se siente retroalimentado. Muchos de los escritores noveles del Estado de Quintana Roo desconocen su existencia. No es un autor que se le ve con frecuencia en los festivales de poesía. En la misma entrevista dijo que no lo invitan a participar, pero que no le interesa asistir a encuentros que se realizan en el Estado de Yucatán.

Su obra en físico no están fácil de conseguir porque está agotada, sin embargo en “San Google” encontrarás artículos y fragmentos relacionados con su vida y obra. Lo bueno es que tiene facebook, y lo puedes stalkear, y así leer sus conversaciones recientes. Por ejemplo; en mayo del 2019 en unos de sus comentarios le dice a su amigo Margarito Molina:

“Así las cosas con las letras del Caribe Mexicano, un abrazo Margarito, mi nuevo libro, después de exprimir, quitar, y de corregir y corregir, se titula EXORDIO UNÁNIME, son textos en los que se procura sumar esfuerzos en busca de variaciones formales en la escritura. Te agradezco los detalles”.

Entonces quiere decir que el poeta a pesar que no se le ve en persona sigue escribiendo, más bien corrigiendo. Por otra parte en el mes de junio del presente año se dio a conocer el primer certamen estatal juvenil de cuento corto “Antonio Leal”. La duda que brinca es por qué de cuento y no de poesía, será que este certamen brinda merecido homenaje a la trayectoria del poeta.

La imagen puede contener: texto

Para quienes no lo conocen, a este poeta se le considera el iniciador de las letras contemporáneas en Quintana Roo. El poeta Juan Domingo Argüelles dijo que “antes de Leal había historia pero no propiamente literatura en el Estado”. Este escultor de la palabra nació en Chetumal Quintana Roo en 1952. Desde muy pequeño y debido que se memorizaba los poemas con gran elocuencia se volvió un estudiante popular en los festivales, especialmente en el día de la madre.  Llegó a la ciudad de México a terminar su primaria. En la secundaria con el apoyo de su profesor amplió sus lecturas de poesía, y ya en la preparatoria le recomendaron que asistiera al taller literario de Juan José Arreola. Egresó de la carrera de sociología de la Escuela Nacional de Estudios Profesionales. Publicó sus primeros poemas en la revista Mester (1964-1967) que editaba Juan José Arreola. En aquella revista también parecían poemas de Gerardo de la Torre, Antonio Castañeda, Guillermo Fernández, Juan Tovar, Homero Aridjis, Jaime Sabines y Thelma Nava, entre otros. Fue becario de poesía del Centro Mexicano de Escritores (1968-1969). Entre sus libros publicados (poemas) destacan Duramar (Universidad Nacional Autónoma de México, 1981), Canto Diverso (La tinta de Alcatraz, 1995), Poemas provinciales, (El taller del autor), Pontevedra, España 2004), Thalassa (Siglo xxi editores, 2008).

Otro acontecimiento importante es que Leal  le solicitó al poeta José Emilo Pacheco un prólogo para su libro el cual se llamaba “El canto de las sirenas”, “Te va a gustar mi libro”, le dijo. Días después le llegó en un sobre lacrado, y en su interior había un texto cuyo título decía: “Prólogo a Thalassa” que después Antonio rebautizó la obra con ese nombre. JEP menciona en el prólogo que Thalassa es el gran canto del mundo marino, del Caribe mexicano y el mare nostrum de los mitos universales. Y añade: “Antonio Leal une el Caribe con el Mediterráneo, hace su propio océano navegable con la luz de un idioma poético que se vuelve como ola y como llama.”

La imagen puede contener: 3 personas, incluido Antonio Leal, personas sonriendo, personas de pie 

Aquí un poema del libro ya mencionado:

¡THALASSA!

 

Como un rebaño de olas cabritean

en la blancura de esta página.

Buscan el vaivén de las horas más

núbiles de las tres de la mañana.

Suelen esconderse en el vestíbulo

del silencio y nadie las vislumbra.

Duermen yermas contigo, aunque nunca

serán tuyas. Al escenario siempre

llevan el mismo papel desde antaño

en el poema, que es donde envejecen,

sin morir.

Se les puede invocar en las puertas

del sueño, memorando antiguos nombres

de náufragos infaustos que playean

entre escombros, quienes buscan un trozo

infalible, algún breve cascajo

de salitre, el ansiado maderamen

de un barco perdido entre la pujanza

marítima, sacudiendo inútiles

botellas vacías que hoy repiten

desde la punta de este lápiz: “rilke”,

“rilke”, “rilke”, “rilke”, canto augural

de las sirenas cuando así fustigan

sobre los hombres el venal deseo.

Más allá de los párpados sin sueño,

de las horas dulcísimas de un mar

adentro, cuando plañen las marinas

valvas todo reflujo bajo el agua,

distante, desde exánimes arenas,

oh, tú, primera de las Afligidas,

en la espiga de las olas cantabas,

y tu deseo estaba en la sal

viva de nuestros íntimos deseos.

¡Thalassa!, decías: encrespa la ola

y bate al viento abriendo tiernos brotes

en la rosa náutica. Hace al día

más lóbrego, con él endulza el aire

de las ramas altas que anidan pájaros.

Al solaz, “ en la mar en calma y llana”,

al pairo el alma, es canto inaudito

que repiten impunemente valvas

olvidadas. Sueño inútil que sube

al corazón del náufrago en luna

rala. Es el más antiguo sabor

que tiene la sed de salobres aguas,

un pañuelo de viento en el que huye

espantada de sí la lejanía.

¡Thalassa!, herrumbra todo sendero

secreto de la lluvia, desatando

en vasto mar errátil olas glaucas.

Como latido de aguas zarcas, bruñe

con su hechizo todas las nostalgias.

¡Thalassa!,

es un viento de arena escondido

en la camisa de todo poeta,

la hembra del silencio, sólo huesos

donde plañen ingrávidas sirenas.

Vedlas ahora retozar insomnes

bajo el ala más profunda del día.

En esa hora cuando el alcatraz

con su negro graffiti comba el cielo.

Escucha lo que trae la mullente

espuma. Tú eres ahora Ulises

que retorna a su Ïtaca después

de haber amado a las castas sirenas.

El nacido de vientre que ha oído,

sin morir, el canto de Aglaófeme,

la de la voz bella; a Agláope,

de rostro hermoso, y a Imeropa, madre

partenia en culpa por deseo de todos.

Escucha atento a la blanca Leucosia,

a Ligia, la chillona. Mira grácil

esa “atroz escama de Melusina“.

Sobre todo, finge oír la música

de la veneranda Molpe, y guarda

vivo el recuerdo de la doncellez

de Parténope, la sutil lascivia

de Pisínoe venciendo al amante.

Acepta grato lo que tenga Redne,

y a Teles toma por mujer perfecta.

Como un bautismo asume las palabras

de la calma que es pródiga en Telxiepia.

Persuádete de Telxíope, y vuelve

a la abierta memoria de los hombres.

 

Entre otros poemas están:

 

RITUAL DEL TIGRE

al poeta Jaime Labastida

en el adytum de la selva
el jaguar ventea el erial, donde
-en el trópico–
con imposibles bejucos la selva ciega
todos los caminos,
con tupidos silencios que sólo oírlos duele,
con semillas de miedo que dondequiera crecen,
con sofocantes olas de un maremágnum verde.
en el lenguaje de su piel,
como un mandala,
como una pandorga que vuela
ornada de eclipses que huyen rumbo
a ignotas constelaciones estelares,
transcurre la noche que muere en manos del día.
en el trasiego de las horas vela sus zarpas,
les devuelve suavemente el nácar a lamidas.
con babeante molicie restaña una a una
sus heridas;
con su lengua salvaje les da un guiño de ternura.
sacerdote tigre con mirada de basalto,
su linaje viene del tiempo de las piedras solares.
de estuco es su memoria inscrita en las estelas.
de chilam es su rostro,
de balam es su máscara:
su nombre está en la raíz de todos los libros de piedra.
oficiante divino,
él es quien recibe al término de la tarde
el cuerpo de la víctima en el pok-ta-pok vencida.
hierofante invoca el libro del ritual,
el mandamiento que consagra arrancarle con las manos
con todo & raíz el corazón aún con vida,
al héroe vencido en el juego de pelota.

 

Oficio de Poeta

Dicen que estar solo
es un día,
como una pena nuestra
que alguien nos cuenta.
Como pisar en falso,
como una lágrima abierta
que se apuntala
y luego se despeña,
así nomás,
sin siquiera darnos cuenta.

Pero otro día
estar solo,
es breve regocijo
que inventamos para mirar el alma.

Otro día es quizás
aquella herida intacta en la mirada
que como dulce llaga se nos llega,
la mujer exacta
que de pronto no nos ama,
esta vereda incierta
que no acaba.

Pero otro día
dicen,
que la soledad es como guardar la pluma
y ser poeta.

 

Un Sol que reposó en tu centro

Si dijera que todo comenzó así:
la música,
cigarros
y el café.

Tu voz dando giros en mi rostro,
en la piel de caricia rebuscada
que ayer se sacudió tu olvido.

No sé,
tal vez debería reconocerte en mi nombre,
saber que te confundes en mi imagen,
que te pierdes,
saberte señora virginal de mi gran momento,
hermana amantísima
de mi gran momento,
en mi soledad sin sol
y tu mutismo transparente.

Callado,
te tomaría de la mano
y te diría lo poco que tengo de profundidad.

Y te diría que tú estás sin estar en mí,
que nunca te olvido.

Que sin avisarme adquieres el color que te rodea,
y tú lo sabes,
que dices amor
y yo no sé de qué color son tus ojos,
que hoy te irás piedra-café-y-teléfono incierto,
que oirás la lluvia desde tu casa nueva,
que todo lo que tienes no es para mí,
y que en medio de todo esto
surge un adiós,
sin el mañana-vengo.

Sólo bastaba decir que eras tú.

Pero ahora inventaremos una noche.

Una noche donde yo te sienta aquí,
en lo hondo renaciente,
jugando a mecer nuestro ramaje,
donde tú seas otra vez ángulo del cristal
y paisaje roto,
voluta de sol que se escapa de la mano,
vestigio del eco que se queda flotando entre nosotros,
rescoldo del silencio
que entra y sale de tu cuerpo.

No,
no te vayas.

Meditemos en el vientre de la noche.

Cuéntame de tu camión,
el de la franja verde,
de cuando reíste al confundir nuestra epidermis.

Dime el número de letras de tu nombre,
de tu nombre gris
que me aprendo nada más cuando tú vienes.

Cuéntame de tu dolor,
de tu olor tomado de una tarde,
de la tarde de ayer
que necesitó un ruego.

Por eso hoy,
etérea,
ven a sublimar el poema que te exige permanencia.

Adúltera,
prójima en este vernal silencio
que diluye mi imagen,
hoy habremos de recorrer el tiempo
la ondulación y el rito.

Digo que la palabra envejeció en tu boca
y no supimos cuándo quedó anclada
en este cuarto que justifica tu existencia,
en tu aliento que resbala por las paredes.

¿Sabes?

Quiero saber si tú eres la misma,
la de ayer,
la del murmullo que se coló por debajo de la puerta.

Te siento amorosa en torno a tu palabra,
y lloras,
y dices:
cuando apago la luz
todavía te veo caminar.

No tenía nada qué hacer.

Salí a la calle para alejar tu lejanía.

Salí a reconocerte
por la ciudad que siempre te contiene.

Porque debo amarte
en todas tus cosas.

En tu tocador
y en tu almohada rosa.

En el semáforo que a veces odio,
en estas calles que me inventan tu recuerdo.

Y te amo
hasta en la cita incumplida,
en aquellas cosas dadas que nunca pude amar,
porque te quiero
solamente en la medida de este sueño.

 

En fin, esperamos que podamos ver y escuchar en persona al poeta Antonio Leal. Y que estas generaciones de escritores que emergen conozcan un poco más de su obra, además que haya un diálogo con él sobre el tema de la poesía del antes y ahora en Quintana Roo, si es que hay. Ojalá que pronto se le haga un homenaje sincero en vida a este poeta, pionero de las letras Quintanarroenses.

 

No hay descripción de la foto disponible.(Antonio Leal leyendo poemas de su futuro libro Duramar, como proyecto de la Beca de Poesía en el Centro Mexicano de Escritores, 1969, Ciudad de México. D. Francisco Monterde, Presidente de la Academia Méxicana de la Lengua y Presidente del C.M. E. Coordinadores ( y en su tiempo también becarios del CME)Juan Rulfo y Salvador Elizondo. La China Mendoza, becaria y otros compañeros.)

 

Texto: Colectivo Colectivo.

 

 

 

Referencias:

  1. Domingo Argüelles, (2008). Antonio Leal: Poeta frente al mar. Ciudad de México: La Jornada Semanal. https://www.jornada.com.mx/2008/11/09/sem-juan.html
  2. Enciclopedia de la literatura en México, (2015). Antonio Leal: Ciudad de México: Fundación par las letras mexicanas: http://www.elem.mx/autor/datos/95698  
  3. Tropo a la Uña, (2015). Hay mucha mediocridad en el ambiente literario: Cancún Quintana Roo: http://centrodecreatividadliteraria.org/2018/10/29/antonio-leal/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un comentario en “Y a mí, ningún cabrón me enseña nada ya: Antonio Leal

  1. Con lo grosero que es, mejor que se le haga un homenaje después de muerto. Puede ser uno de los pioneros de la literatura en Quintana Roo pero no darle la oportunidad a un proyecto como lo es la FILQRoo al no permitir su nombre en un certámen de cuentos cortos, dando a entender que porque no hay dinero de por medio y que nadie le está pagando por usar su nombre, no le interesa ser parte de ello. Vean el video de la presentación de la Feria del día de hoy, allí hace su intervención grosera y que deja mucho que decir de su actitud.

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