Infancia Remota por Omar Ortega Lozada.

Texto leído por Omar Ortega Lozada durante la presentación del poemario Infancia Remota de Cristian Poot, el sábado 30 de marzo del 2019 en el Centro Culturas de las Artes de Cancún Quintana Roo.

 

Breve andar por los caminos de la infancia

 

Descender a lo más profundo del recuerdo, beber el agua fresca del origen, evocar los espacios donde se fue feliz o entreabrir las viejas heridas de la piedra que es el pasado para sanar por completo es, quizá, sin proponérselo, el viaje y destino que hoy nos entrega Cristian Poot en su más reciente libro intitulado Infancia remota.

Como acertadamente apunta Rodrigo Quijano en el prólogo, en el que nos ubica por el camino que hemos de andar en estas páginas y que Cristian pone en nuestras manos, la poesía está aquí para llevarnos al punto donde podemos volver a recorrer el sac bej de la vida.

El escritor abre la brecha hacia su trabajadero  con un epígrafe del escritor quintanarroense Juan Domingo Argüelles.

En el primer apartado, de tres que componen el volumen, titulado Parvulario, Cristian hace una retrospectiva marcada por la figura familiar, sus orígenes, sus dudas y miedos, pero también por sus certezas. Aunque en su trabajo se desmarca acertadamente de cualquier intento por caer en la llamada “literatura indígena” o “literatura en lengua maya”, la identidad con su origen es evidente  y aporta en gran medida a la atmósfera y a los recursos que la voz lírica utiliza para  lograr su cometido: abrir las puertas del entorno familiar y ofrecer al lector las vivencias que fueron (y son) piedra angular de su ser; aquellos hechos que forjaron su identidad y que su pluma recogió en la calidez de sus versos

Así, Epifanía, primer poema de este grupo, es una muestra que la cotidianidad de abrirse paso entre la selva, visitar la milpa, cultivarla -como lo hace con la palabra- es tema para reconocerse en la frescura de las siguientes líneas:

¿Podré saciar mi sed

si me bebo toda el agua de lluvia?,

me pregunto,

mientras miro suspendido

el cielo que se rompe

a través del jaltún.

En el poema Abejas del mismo capítulo, Poot toma el pincel de la palabra para llevar al lector a la huerta, a la cocina, a la casa familiar y ofrecerle los refulgentes colores que reconstruyó hábilmente con las imágenes expuestas. Aquí el poeta alcanza madurez estilística al hacer vívida cada frase lanzada al escrutinio. Cito un ejemplo:

Siempre quise apreciar

el aroma de las flores

del fogón de mi madre.

Por otra parte, en Días postreros, segundo apartado de la entrega, el epígrafe de Ramón Iván Suárez Caamal revela el corte de los textos: un arduo trasiego de recuerdos para desvelar los agrios episodios que en los primeros años del poeta y de familiares o amigos –intuyo-  se presentaron; y cómo estos fueron sorteados y asimilados, dejando –evidentemente- una perdurable huella que con la escritura –quizá- sanarán. Un claro ejemplo se encuentra en el poema Fotografías, donde el sujeto lírico encarna a una niña que sugiere un pasado indeseable. Cito:

…la niña que yo fui

aguarda en el aliento

 

de una alegre melodía,

en medio del desastre.

En la tercera y última parte, Expiación, el trato con la muerte, las creencias y la monotonía de la cotidianeidad, como temas centrales, se abordan con sumo cuidado y generosidad por parte del autor. Los textos que ahí se presentan evocan los duros momentos que implican dejar el mundo material y cómo el autor reflexiona sobre ello. Aquí una muestra:

En mí descansa una mariposa mientras en el cuarto todos respiran mi partida.

Cabe resaltar que es admirable ver, a lo largo de los textos de la última colección, el trato del tema de la muerte, pues, aunque Poot es un autor muy joven, aborda con seriedad y cuidado este tópico.

Por último, quisiera comentar un detalle. Es curioso ver que Cristian utiliza como epígrafes fragmentos de textos de autores nacionales: dos de ellos nacidos en Quintana Roo –Juan Domingo Argüelles y Javier España- un campechano avecindado en esta tierra –Ramón Iván Suárez Caamal- y el oriundo de la Ciudad de México, Octavio Paz; quizá coincidencia, posiblemente el autor se identifica con el estilo de estos poetas o tal vez la suerte de las letras resuenan en un orden superior; lo cierto es que, como dice el creador de Infancia remota al final  del primer poema:

Yo observo en él / reflejado mi semblante: / por primera vez me reconozco.

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