El museo de las máscaras por Ángel Nimbé.

Texto leído por Ángel Nimbé durante la presentación del libro El museo de las máscaras de Sergio Pérez Torres, el sábado 13 de abril del 2019 en el Centro Culturas de las Artes de Cancún Quintana Roo.

 

 

En el principio fue la máscara

 

La realidad de la máscara es el rostro, afirma Xavier Villaurrutia en su célebre estética de la máscara: Su pretexto y justificación lo constituye el deseo de amplificar un gesto. Sergio comprende muy bien esta excusa y se aferra de ella para embarcarse al arte.
El poeta se coloca la careta de la estética y, a través de ojos, que no son suyos habla para juzgar al mundo: Lo que sucede afuera no es la vida, es más lento que una lágrima rodando… quién fui antes de verlo, convertido en hierro entre las venas, nos afirma en el primer poema, uno de mis favoritos. La máscara, desde sus orígenes, ha estado presente en todas las culturas. La palabra tiene raíz en el masque francés o maschera en italiano o másquera del español. Los posibles antepasados en latín (no clásico) son mascus, masca = «fantasma», y el maskharah árabe = «bufón», «hombre con una máscara».

Se trata de una simplificación ornamental. Lo visible se reduce a los elementos básicos que transforman un rostro en máscara. Y la máscara es a su vez una representación, cargada de intenciones y simbolismos, convertidos en arquetipos que son parte del inconsciente colectivo e individual y representan los temores y aspiraciones de una civilización.

Su uso se remonta a la más lejana antigüedad encontrándose entre los egipcios, griegos y romanos. Los griegos las empleaban en las fiestas dionisiacas; los demás en las representaciones escénicas.

En la Edad Antigua, el hombre estaba estrechamente vinculado con los animales y con su mundo circundante, usaban las máscaras para relacionarse con ellos; conoce el miedo a las fuerzas por las que se encuentra amenazado: una tempestad, un animal salvaje o espíritus, por lo que considera necesarios símbolos y escudos protectores.

Entre los griegos y romanos, las máscaras se usaban en sus teatros a fin de que los actores pudieran asemejarse físicamente al personaje que representaban.

Durante la Edad Media hubo mucha afición a los disfraces y máscaras, incluso en las fiestas religiosas. Las máscaras representaban símbolos de las fuerzas demoniacas dando cuerpo a los personajes del infierno. Durante el Renacimiento tuvieron un auge inesperado con la comedia dell’arte italiana.

La máscara se ha extendido a todas las regiones y culturas… se ha usado con fines ceremoniales, funerarios, artísticos, en japón, en áfrica, como entretenimiento, para salvaguardar el anonimato, incluso tienen un fin protector, como las máscaras de gas, o educador, como las utilizadas en el slasher film, con psicópatas y zombis que buscaban castigar el sexo.

La palabra inglesa «person» (persona) viene de una palabra latina usada para designar una máscara de teatro: per-sona = «por-sonido» (a través del sonido) = «lo que viene a través de la voz del actor». La palabra del Griego antiguo prosopon = «cara» significaba originalmente «delante de la cara», es decir. «máscara de teatro».

El libro nos habla de siete tipos de caras: de hierro, de piel, de barro, de madera, de piedra, de espejo y unas rotas, que ya no pertenecen a la sala de exhibición. En cada una, el material cambia la voz que se trasluce en el texto.

En la primera, el autor se prepara para la jornada . Su voz es dura, y al mismo tiempo, su gesto es doloroso.

Observo mi sombra abrirse paso entre las otras
como si buscara vida luego de la muerte;
no puedo escapar de mi propia voz,
pero hay un silencio que me pesa en la mirada.
Este odiseo aún no se halla cómodo con la voz que emana del segundo rostro ni con el
gesto va en busca de su verdad.
La separación es larga como un arte demasiado viejo,
un viaje que no reconocemos con los cuerpos listos.

La sección máscaras de piel es una de las más crudas, como su nombre. El objeto amplifica el gesto del poema.
Estamos dispuestos como pavos al horno,
este bocado de vida en medio de un infierno,
hierbas y sales para salir de frente al sol,
su melena rugiendo sobre un escenario.

La voz de barro cambia la percepción.
Aquí, el poeta ya entiende el sentido del rito, que es inherente a la máscara para volverla
arte, ya empieza a ser libre.

Lo cierto es que la noche nos embruja el sueño,
quedamos despiertos como aquellos barcos que anclan
y pasan años rotos hasta que alrededor todo es arena.

Al contacto con la madera, material noble, el poeta se pregunta si esa es la ruta adecuada, el timbre exacto que exige la poesía.

No lo conozco todavía,
la furia escondida tras la miel
es aquel momento en que fuegos
y palabras cantan como un sol.
Solamente estatuas a nuestro lado,
amándose entre besos y sonrisas,
entrecierran sus ojos y yo aprendo ahí.

La piedra muele nuevamente los filos de la voz.

Cada uno colabora con su propia destrucción,
pero sé que cuando venga será una plaga atroz,
dejaré de hojear entre nuestras voces
como queriendo encontrar un juramento en pie;

El autor se da cuenta que es necesario el fuego para revivir al ave de la mitología.

las ruinas son un campo para renacer
sólo que el viento no llega hasta la raíz,
pagamos lo que nunca hemos gastado con los labios.

La sección de los espejos es una de las mas enigmáticas.

Es hora de romperse y no hay relojes,
se van mis ojos negros en su voz,
pero despertar es un proceso distinto,
casi beso que amenaza desplomarse entre la niebla,
la huida de un amante que no sabe que es fugaz

Al final, llega la ruptura con la persona.Esta última parte es mi favorita, tal vez porque aquí empieza cuartearse la voz y asoman
otros rasgos que se mantuvieron ocultos en el resto del poemario.

Los miedos aún vuelan alrededor de nosotros como buitres,
en el templo de estos cuerpos
huesos y mármol son su recompensa;
canto con silencio porque sólo yo sé tu verdadero nombre.

Con mi voz hundida me anclé al viento,
amé la orfandad de otros hombres,
todavía más la de los semejantes a un relámpago.

Hacia el final. El autor se declara cansado, lo han vencido las lluvias y las máscaras le han robado su voz:
El viento no me dejará con un rostro. La señal se está cortando.

 

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