DIBUJAR EN LA ARENA POR OMAR ORTEGA LOZADA.

DIBUJAR EN LA ARENA, una experiencia que traza los caminos de la poesía.

El caligrama proviene de las corrientes de vanguardia de inicios del siglo XX como una forma de ruptura entre lo establecido y la búsqueda por innovar. Se puede decir que el cubismo literario, de la mano de uno de sus principales precursores –Guillaume Apollinaire- es a quien debemos esta forma poética que se caracteriza por representar gráficamente el tema que aborda el sujeto lírico a través del acomodamiento de palabras para este fin, sin sacrificar el uso de recursos literarios para entregar al lector un poema con el dulce trazo de la poesía. Serán más adelante el creacionismo y el ultraísmo las corrientes literarias que enriquecerán esta forma.

El caligrama llega a nuestro país de la mano del poeta mexicano José Juan Tablada, y a Latinoamérica por medio del escritor Vicente Huidobro con su conocido Triángulo armónico.

Sirva este breve contexto para presentar Dibujar en la arena, una compilación de caligramas que el poeta Ramón Iván Suárez Caamal ofrece a sus lectores con la intención de acercarnos más al disfrute de la poesía a través de otro formato.

Dibujar en la arena está compuesto por cuatro apartados que tienen relación directa con los cuatro elementos que, según los griegos, componen la naturaleza: Tinta del aire, Tinta de tierra, Tinta del agua y Tinta de la llama.

Así, por ejemplo, en el primer apartado –Tinta del aire– podemos encontrar caligramas que versan sobre seres animados e inanimados que habitan en este elemento: una libélula, una mariposa, un murciélago que pende de una rama, un papalote, un globo de Cantolla, un colibrí que liba el néctar de una flor, un pájaro carpintero, entre muchos otros, y ¡hasta un tendedero con ropa!, que también es objeto de poesía para Suárez Caamal. Me permito leer el siguiente caligrama con que inicia el libro y este primer apartado:

Naciste

de

una gota

-inmóvil prendedor de laca en los cabellos de la hierba-

Ayer bendijo Basho en un haikú tus alas

Trébol de

vidrio

trébol de cuatro hojas hábil equilibrista en la cuerda del junco

desde el arco del junco la irisada flecha de tu vuelo

Libélula

alazul

alabélula

Frágil

vitral

libélula

libéranos

porque

cada mañana

nos conmueven

tus espejos

en los que

estamos

vivos

En el segundo apartado, Tinta de tierra, podremos encontrar caligramas que, en lo personal, me remitieron a objetos comunes de mi infancia, poemas que ilustran a un trompo, a un yoyo, a un tornillo, a un caballito de feria y también a seres vivos como una tarántula, un gusano, una serpiente, unos hongos y ¡hasta el dibujo del elefante tragado por una boa que dibujó El Principito”! Cabe señalar que también hay un texto sobre un cántaro y que su contenido el poeta ha depositado parte de sí, de sus orígenes.

El

trompo,

que cae

trompudo,

el trompo que baila

su remolino en el polvo,

el gallo-trompo en el aire

 

o con el pico en otros trompos

este pleito sin trampas.

 

¡Cómo sube sin caerse

en mi palma o en mi uña!

Gira sobre el vértigo

y se adormila

en un pie.

Zumba

zz

z

Durante el trayecto de lectura del libro en nuestro interior también se va dibujando ese leve destello de luz  -la palabra pulida- que el escritor siembra en nuestro inconsciente, como aquella planta del desierto llamada Rosa de Jericó que sólo necesita aire para viajar, agua para plantarse sola, tirar semillas sobre la arena y “resucitar”, dando origen a lo etéreo, al fuego de la vida, a esa magia llamada poesía.

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