José Ramón silva Altamira (Calageos)

José Ramón silva Altamira Describir mi obra es un esfuerzo innecesario, el viaje comenzó a los 16 años, inspirado en los relatos H.P Lovecraft, mi amor por las letras nació a base de un deseo innato por la oscuridad y lo mórbido. Me considero un gran amante de lo sombrío, pero antes de escribir poesía, o definir mis escritos como poéticos fue una evolución filosófica lo que me trajo hasta aquí, primero escribiendo mis pensamientos, pensamientos nacidos de recorrer la decadencia urbana. Con el paso de los años y gracias a mi amor a la música, la rima de la filosa navaja del verso en mi paladar se hizo peligrosa. En un principio fue tan solo mi necesidad perversa de relatar el dolor la fuente de mis agujas literarias, aunque la madurez y las diferentes corrientes musicales de hecho fueron los que concluyeron a mi actual pensamiento. Desde el rock, rap, ska, reggae, aggrotech, punk, jazz, progresivo, Metal, Blues, etc. Mis tímpanos hicieron un compilatorio de rabia y rebeldía que desemboco en algo más que solo un grito desesperado, esto es el alarido de una sombra que se olvidará y dormirá en un ataúd, y también el canto del tritón ansioso de hundir las naves a la deriva.

Actualmente radica en Cozumel Quintana Roo.

 

Eco

Su mano sujeto la mía,
induciéndome a un estado de sopor hasta verme envuelto en su sonrisa.

¿No sé de dónde vienes?

Quizá
tu historial este lleno de víctimas como yo.

¿Quién eres?

¿Porque sin darme un previo aviso me llevas contigo?

Y su eco resonó en mis pensamientos hasta darme cuenta que ya estaba solo.

 

Blasfemia

Los creyentes son asemejados a los policías que protegen al tirano

y luchan por callar al grito de la revolución.

Las falacias son creyentes,

son latas vacías en la basura.

Estériles, vulgares, asesinos, creyentes;
Bestias, esclavos, ignorantes, creyentes.

Ellos deben hablar de dios,

pues dios ya no habla,

nunca hablo, nunca estuvo, el no existe.

Y ellos hablan,

hablan y defienden su ausencia…

Y su propia ausencia de pensamiento.

Su carente lógica es un zarpazo al intelecto,
el intelecto peor que veneno para su hueco ideal.

Frágiles palomas enredadas en este alambre de púas: Creyentes.

 

He cogido la luz

He cogido la luz de mi alma
y la he mezclado con el color del viento.

Vienen más de aquellos días.

Estoy metido en un vórtice incierto,
voy de la mano del mundo
pensando en soltarlo
y perderlo de vista.

Saber cómo se siente,
dejarlo solo
y mirarlo caer rendido ante la fuerza
del abandono.

Ya no queda ni la risa, ni dolor, ni tristeza,
ya no queda nada.

Miro aquel camino por donde he venido,
¡cuántos recuerdos!

¿Dónde está el cielo?

¡Nunca existió!

Soy aquel que no volvió,
lo que sucedió en medio del estruendo.
Soy el que supo darse cuenta
de que todos estaban hundidos…

Ahogándose lentamente en este fango llamado realidad.

¿Quién eres?
Pregúntale a tu conciencia,
¿Quién eres?,
Y después contéstame,
¿Por qué te sientes solo?
Vacío,
sin voz.

¿Dios?
No,
no es dios el que habla,
es esa voz de tu miedo que da forma a tu semblante,
la seguridad de creer en algo
para pensarnos a salvo
de nuestros propios demonios;

La voz del ángel caído.

He cogido mi oz,
he salido a cortar cabezas de ajo,
soltar blasfemias preciosas,
leer la biblia a los satánicos,
hacer ritos bacanales en las catedrales
y regresar lleno de carcajadas en un bolso hecho de telarañas irónicas.

Fatigado y ficticio,
casi dopado de formas,
frías figuras.

 

Destino

He de abrir estas fauces

para exclamar victoria por sobre la bestia

a la cual fui encargado de domar hasta cansarle.

 

Nausea

Para describir este estado convendría añadir que nunca cesará.

Letargo, con ojos abiertos sobrevolando un pueblo de moral distorsionada.

Es mirar sin querer por dentro de sus pozos sin fondo

y saberte acorralado por los ecos provenientes de sus núcleos.

Por cada paso un terrible parpadeo rutinario.

 

Hastío

Tengo la sensación de estar a punto de gritar,
pero no hay voz que salga de mi boca.

Voy a caminar pensando en morir pronto,
esta soledad es más grande que el océano
y mi malestar constante.

De mirar más allá de lo que ustedes podrían tratar de descubrir en vela,
es un mazo golpeando mis nervios hasta hacerlos trizas.

En un plano como mi mente no hay vida ni fe,
percibo una peste de la sonrisa fingida.

Descenderé de nuevo,
no olvides jamás recordarme,

pues este sendero del verso fue creado

para desecharse y ser crucificado al olvido.

 

A punto de alcanzarme

Todo está bien,
el pánico sucumbe ante mi posición,
respiro,
todo tan quieto.

La gente deambulando,
los gatos en la azotea apareándose
y la verdad descuartizada en las calles de la ciudad.

Mi corazón esta frió,
no los culpo,
yo elegí un camino muy distinto.

Ya no me quema el sol,
mi bestia anda a solas por debajo de mis ojos,
y es por eso que las luces de la avenida apenas y las noto

ahí paradas como siempre;
Y yo balbuceando una canción

mientras la muerte está a punto de alcanzarme.

Pero todo está bien,
mejor que nunca pudo haber sido,
exiliado y ajeno.

 

Bestia

Mi rabia es un lápiz devorando la noche,
y la soledad un fantasma
consumiéndome
como el cigarrillo entre mis dedos.

Y así,
la poesía es voz que nace en silencio.

La melodía del tiempo,
disciplina de humo,

mi espacio en este renglón llamado mundo.

 

Las flores

Quisiera no existir en ninguna posibilidad de dimensión cósmica, espiritual o incluso básica.

Este vacío está empezando a transformarse en magma que derrite mis horas hasta hacerlo cenizas.

Nadie me escucha, nadie ama, nadie lucha.

Si aprieto el gatillo lo suficiente seré libre,
si salto seré libre,
si arrojo la roca atada a mi cuello al fondo del océano, entonces, seré libre.

No valen los intentos de ánimo,
discúlpenme, pero los concibo demasiado ridículos e innecesarios.

Suelo pensar que moriré una noche después de salir a caminar solo, no le diré a nadie y de todas formas nadie me preguntara.

He derramado lágrimas que cayeron como tinta en páginas que hicieron canciones de letras tristemente infinitas.

Las flores son para mí un recordatorio de lo solo que me encuentro.

A veces rodeado de cuerpos, se desataba un ruido maldito que causo mis gritos internos;
Estoy tratando de morir pegado a la flama de mi encendedor.

Lo que para algunos fue una vida plena, para otros fue una tortura que nunca se acababa; en esos me incluyo.

Nada será ya mi guarida,
ni el vino, ni el canto del ruiseñor, ni el tacto de una princesa.

Del pastel de la desgracia seré cereza envenenada, yo no huí de la invasora amenaza mortal, después de combatirla quedo poco que pudiera rescatar de mí mismo.

Y ellos sintiéndose valientes.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s