Lea Díaz

Lea Díaz. Éste no es su nombre de pila pero así le gusta que le digan. Es originaria del Ombligo de la Luna. Actualmente radica en Cancún. Nació el siglo pasado, su vida ya le dio cuarenta vueltas al sol. Tiene por oficio sufrir ajeno. Sueña y trabaja duro por construir un mundo mejor donde todas y todos quepamos. Cuando nadie la ve canta, baila y escribe poesía. Posdata: le encanta los gatos.

 

ME GUSTAN LAS TARDES FUERA DE FOCO

Con un sol desdibujado por las nubes,

con unas nubes desdibujadas por el viento,

con un viento desdibujado por la música,

con una música desdibujada por la charla,

con una charla desdibujada por los silencios,

con unos silencios que siempre me recuerdan

que sobran las palabras…

 

 

QUISIERA SER NIÑA

Para tener tiempo de charlar largo con las lagartijas, las hormigas, las moscas y las arañas, para preguntarles qué tal la vida cuando se vuela, cuando se trepa, cuando se teje o cuando se escarba. Quisiera ser niña para creer que le importo a la luna, creer que me sigue, creer que me busca, que me sonríe, que me espía, que me acompaña, que me arrulla. Quisiera ser niña para fugarme del otro lado del espejo, dejar en mi lugar a mi reflejo, para que haga la tarea mientras yo juego.

 

 

REMEDIOS CASEROS PARA EL ALMA

Si usted es de esas personas que tiene problemas
para andar la vida,
como que no le responden las piernas,
como que la voluntad se le traba, entonces,
esto es para usted, ponga atención.

Vaya y busque un poema.
Procure encontrar uno bastante apuesto,
de versos carnosos y título encantador.
Espere a que llegue la noche y métalo a su cama.

De inmediato, empezará a sentir que un calor la recorre,
que un hormigueo la invade,
que un sueño sabor vainilla le arrulla el alma.
No tema, relájese, cierre los ojos, déjelo actuar.

Cuando despierte
es probable que haya olvidado con quién pasó la noche,
es probable que no recuerde uno solo de aquellos versos
que la abrazaron y cobijaron hasta el amanecer
pero no se preocupe,
lo importante es que jamás se volverá a trabar
porque en adelante, sus alas la transportarán.

 

 

LA POESÍA RESILIENTE

He pensado largamente en la poesía resiliente, sé, que debe ser como un trago de agua cuando has atravesado como migrante ilegal el desierto de Sonora o de Chihuahua. La poesía resiliente ha de ser capaz de escucharse, en una tierra de sordos, ha de poder cantar en medio de la guerra, ha de poder besar cuando el desamor nos ha desollado. La poesía resiliente tiene que estar hecha de palabras impermeables, imprescindibles, inimaginables, insaciables, palabras todo terreno. La poesía resiliente ha de dar esperanza, ha de quitar el hambre, ha de sanar heridas, ha de blindar los sueños, ha de tener alas, pico, garras, sexo, dientes, escamas. La poesía resiliente ha de ser capaz, como las nubes, de flotar y dejarse transmutar por el viento en dragones, en elefantes, en salamandras o ranas. La poesía resiliente huele a menta, a romero, a tierra mojada. Sabe a maíz criollo, a nopal, a mango, a café, a chocolate, a guayaba. La poesía resiliente no olvida, no se rinde, jamás se resigna, la poesía resiliente sabe defenderse, incluso, sabe atacar, empuñar la palabra y disparar, nunca falla, siempre atina al corazón.

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