José Luis Salgado

José Luis Salgado “El Juglar de Cancún”, poeta y comediante popular, fundador de “El Espacio del Juglar”; plataforma cultural y artística. Tiene en su haber varios discos entre los cuales están “Poesía Urgente” 2010 “Cerrando Círculos” 2013, y “Más Juglar que nunca “, 2017, que incluyen temas propios, de otros poetas y dramaturgos. Escribió el poemario “Fin de semana y otros poemas” 2017, publicado por ATZ editores. Publicó una obra de micro-teatro llamada “No te vayas”. Ha colaborado en varias estaciones y programas de radio como historiador y poeta. Se ha presentado en varios festivales de teatro nacionales con monólogos, unipersonales, soliloquios, recitaciones y otras chácharas, así mismo lleva en su haber varias giras al interior de la república, así como trabajos poéticos en escuelas, barrios populares, teatros, centros culturales, universidades.

Un día cualquiera

Amanece y la aurora recrudece la violencia,
ese mismo triste andar con los ojos agachados
presagia la tormenta de estómagos vacíos.
Entre las rendijas corre agazapado el miedo.

¡Qué comeremos mañana!
¡Ese pan ya no me alcanza!
Hay grito en las vecindades,
y en estas cuatro paredes
la queja queda encerrada.

Ululares de sirenas pregonan por las calles
accidentados daños colaterales.
De las tinieblas, las luciérnagas de plomo
lanzadas contra nosotros pulverizan
nuestra endeble armadura espiritual.

¡Ah! bella ciudad iluminada con disparos.
Entre lodo y mierda gritan los marranos
que es natural caminar entre los muertos.

Enormes convoyes recorren la ciudad
con vehículos artillados.

Esquirlas de temor vuelan,
se incrustan acallando nuestras voces,
ahora estamos infectados.
Nuestra libertad de pensamiento
cayó en el campo de batalla.

Los niños pervertidos juegan placenteros
entre los charcos de sangre donde ranas y
ajolotes nacen deformados, viven divertidos,
ahora son políticos, al rato magistrados,
solo se mimetizan, anhelan llegar primero.

En la bolsa de valores la dignidad tiene precio.
La ganancia es el camino de aspiración celestial.
La vida tiene caducidad, la balanza es arreglada,
si le da cuerda al reloj la justicia esta comprada,
alerta, si no llevas fuerza para vender al mercado,
en el cambio no tendrás para comprar un bocado.
Migrante

Deja atrás el laberinto
donde el hambre acumulada en costales de dolor lo acorrala,
y entona su canto de esperanza.
A espaldas de lo estéril, la promesa de las flores templa su voluntad.
El peligro de la civilización lo acecha,

cruza un rio, un muro, una línea imaginaria,
y otra lengua, otra bota; la misma tierra mancillada lo espera.

 

No es la palabra la que humilla,
es el tono y el gesto lo que ofende.
Tal vez más allá de esa frontera
el estómago duerma tranquilo
y el llanto del niño ojeroso
y enfermo se amamante.

 

Un instante de futuro irrumpe en mis visiones
¡Una fosa clandestina!

 

Un rayo de plomo lo atraviesa,
tiembla el cuerpo, se doblan las rodillas,
quiere arrebatar su vida al viento,

más el mundo desvanece entre mil manos.

 

Le imploro a la muerte que se espere;

 

No es la hora del ahora de nuestra muerte amén.
Y No se expresa el dolor en la palabra.

Cu-cu, cu-cu, cu-cu

Dios guarde la llegada del canto de los tecolotes,
Cu-cu, cu-cu, cu-cu

porque muerta la luz del día
Cu-cu, cu-cu,
más vacíos y hambrientos quedaremos
Cu-cu, cu-cu,
vagando solos por el mundo.
Cu-cu.

 

Lamento

El camino de la cruz aprendimos de memoria,

de la cama a la fábrica y del torno a la cantina,
de la cantina a la casa y de la casa a la cama
marchitándose los años, desgastándose la gloria.
Grasa, sudor, miseria, llanto que no termina:

 

Trabajando, trabajando, trabajando sin parar.

Siempre pobres, siempre heridos, ignorados

la justicia nos desgarra en niebla y oscuridad.
Caminamos como ciegos en medio de la tormenta.

¿Sabe usted de dónde viene? ¿Sabe usted a dónde va?

Parece que se ha quedado, viene al pueblo a destrozar,

esa palabra de serpiente. ¿La daremos por verdad?

¡Como si la borrasca fuese cuestión de la voluntad!

Si muchos hombres unidos la pudieran derribar,

podríamos todos salvarnos, salvar a la humanidad.

Un látigo silba en la espalda
del hombre que lo hace rico.

Si se dobla de dolor el hambre lo matará.

 

Grasa, sudor, miseria, llanto que no termina:

 

Trabajando, trabajando, trabajando sin parar.

Siempre pobres, siempre heridos, ignorados

la justicia nos desgarra en niebla y oscuridad.

 

De arriba tormentas vienen, abajo ríos desbordados,

con sus niños en los brazos la gente corre asustada.

En su traje a la medida el poder sigue ladrando,

robando nuestras camisas y también nuestra comida.

Pero….. si la borrasca fuese cuestión de la voluntad,

y muchos hombres unidos la pudieran derribar,

podríamos todos salvarnos, salvar a la humanidad.

 

Rebelión
Sigilosamente mueve a sus hermanos de castigo,
afila un pedazo de metal entre las manos,
aliento y fortaleza salen de sus labios en el fondo de la cueva.
-Si no arriesgamos la vida
siempre seremos esclavos-
Nada es ya igual;
mismo color, misma lengua,
mismo sellado destino.
De las felinas sombras agazapadas, moviéndose en la jungla,
retumban las verdades nuevas.
Es el colectivo que respira inquieto.
Al ritmo de la luna amontona palos, piedras.

 

Ellos tienen un acuerdo.

Se alertan los sentidos.

 

Alguien tiene miedo, mucho miedo.

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