Melbin Cervantes

Melbin Cervantes. Cancún, Quintana Roo, 1991. Ha colaborado en revistas literarias digitales como Sak-ha de la Escuela de Escritores de Yucatán, Bistró Magazine, literatura y poesía y Válvula Magazine. En 2015 obtuvo mención honorifica en el concurso de poesía Flores a Cozumel, y en 2016 segundo lugar de Narrativa Memorias de Una Isla. Antologado en Karst-Escritores de la Península Yucateca en 2016. Autor de Las huellas que dejó el silencio (2016). Actualmente radica en Cozumel.

Correo electrónico del autor: melbin7@gmail.com

Actualmente radica en Cozumel Quintana Roo.

De Las huellas que dejó el silencio
por Melbin Cervantes

 

EL VIENTO OSCILANTE siembra abismos en nuestras manos.
Hemos sacrificado el silencio,
para oír los zumbidos de las vanas conversaciones.

Nos tumbamos en la arena sobre sus ruidos de guerra,
voces de caracoles y conchas marinas.

La marea se disfraza de mujer ebria y danza frente a nosotros.

¿Somos locos al creer que
abrirle la ventana a la tormenta es estar frente al mar?

*

VOZ DE INSECTO, gritos de frágiles alas,
una pequeña silueta bajando de la noche.

Gastada, marchita, cae sobre la roca: la luciérnaga.
Los grillos transfiguran piedad con llantos bajo la luna.
Las patas de la libélula acarician la nuca apagada
de la luciérnaga.

Alrededor de sus estatuas,
se reúnen las hormigas respirando cementerios.

El castañeo fúnebre del viento
atrae fugaces alivios hacia las calandrias.

Se mueve la hierba,
la roca es un blando fruto que retiene el agua
de la lluvia,
esparcida con tibieza sobre el pasaje otoñal.

*

EL CANSADO GIME,
se siente hosco y desnudo.
Es un instrumento disonante.
Sus ojos: una noche eterna.

Ha olvidado la inocencia,
se observa condenado a la vejez,
a una desilusión caótica y silenciosa.

Se abriga con la piel de Apofis;
descansa sus lomos sobre espinas,
que abren la congoja.

Sobre él se derrama un día más.
Incendia pueblos
ignorando el motivo de su odio.

*

ME GRITA MI PADRE, está rabioso,
pero un aura de hombre casto lo rodea.

En las profundidades del crucifijo que porta en el cuello,
un brillo deletrea el temor a Dios: Cor contritum quasi cinis.
Un dios que mi padre no ha visto en mucho tiempo.
Un dios que huye de las plegarias de los pechos.
Y de pronto una patada en mi estómago.
Hay un enjambre de puños zumbando,
descargando su ira en un: «Te lo dije, muchacho».
Mi madre esta inconsciente en una banca,
en su rostro yace los colores desgastados del vitral.

«Debemos ubicarnos en la luz de Dios
para hallar la bondad del hombre», diría mi madre.

Pero yo he buscado aquella luz
y siempre, madre,
siempre he hallado el silencio del mundo.

*

AL NACER SENTIMOS el ahogo y el presagio de un vacío
para declararnos la semilla que comerá la salamandra.
Las raíces pulverizadas nos perfuman de luto,
el cielo se va aclarando ante nuestra visión;
apenas polvo, y no creemos en el final de la vida.
Tanta claridad es misterio, mano luminosa que no asimos para guiarnos.
Somos espejismo de lo cincelado por el aire,
un hechizo del cual no podremos huir,
Y continuará golpeándonos hasta derrumbar nuestro espíritu.
Somos apenas polvo, y deseamos acallar el más armonioso canto
de los cuervos.
Apagada lámpara
en el olvido de la noche,
es la esperanza.

*

PRIMERA NOTA
Un rayo para destellar en el horizonte
enciende este poema
que está colgándose del cielo
Mira la redondez del mundo
entre la cálida cortina de la lluvia.
El mar está tranquilo, y te dice: «Detente».
Te detienes y me detengo.
La espuma brinca hacia nosotros
bañando nuestros muslos
presas de los pantalones color caqui
del trabajo nocturno en el centro comercial.
Queremos desnudarnos, pero no nos creemos tan libres.
Mis manos atrapan el canto de las gaviotas,
lo guardan en tu templo de mármol
entre gritos que laten y golpean mis costados,
donde caen sobre la cama acuática
sin chapotear.
Hay algo demasiado confuso,
niebla,
en el vaivén de los botes,
está dentro de mí
y no deja iluminarme.
Me miras y me tomas de la mano
: «Algún día te compraré
un candelabro más hermoso
que la luna y las estrellas».
Hoy ya no estás más junto a mí.

*

SIGO LAS HUELLAS QUE DEJÓ EL SILENCIO
atiendo en suspenso las voces de la playa
que llamean entre el fuego líquido del Caribe.
Leviatán desea jugar en estas aguas,
trayendo cantos y sollozos.
La gran serpiente baja sofocada de los muros
blanquecinos del cielo,
conmueve la marea; en su vientre,
nacen de espuma: golondrinas blancas.
Veo caras en la linfa agitada de los cangrejos de pardo flabelo,
devorados por la clara serpiente.
Soy tan solo un rostro de brillo que dura el instante
vientre azul vertido al mar.
Entre piedras y silencios, la noche retorna,
paseando su vestido de marismas y vientos,
la marea me regresa a los restos calcinados de la playa.
Puedo seguir buscando, el cuerpo del silencio.
Lo encuentro agitando, borrando, las huellas,
repartidas en la arena.

*

MIRO SOBRE MI HOMBRO al fugaz volcado del sol.
Danza la noche en un torbellino marismas,
ahogando mi albedrío en el fondo de las botellas de Sauvignon.

No sé quién soy. ¿En realidad he nacido?
Hay mitos sobre un niño a punto de morir,
qué abrió los ojos antes de tiempo.

He puesto los pies sobre un camino que nadie conoce.

Amanece, en unos minutos
debo despertar del sueño del alcohol
y alistarme para salir,
ser absorbido por el huérfano mundo,
ser el hombre invisible que va deprisa en las calles,
en busca de un poco de reconocimiento.

*

NO PERTENEZCO A LOS SILENCIOS,
ni a los ecos que van aclarando el trayecto del mundo.
Soy un cráneo abierto en donde las mariposas buscan sepultura.
Vengo de la madrugada herida, mala hierba que extingue la claridad,
hundiéndose en los parpados que emigran hacia el sueño.

No pertenezco a la frescura del viento,
que con plena respiración  derrama esperma de luz
sobre la hoja de las jacarandas.

No pertenezco a la bondad ni a la malicia.
No tengo estrado donde poner la Justicia,
ni busco a la Sabiduría en las plazas.
El Destino escribió  su voluntad sobre mis retinas,
mi nombre se distanció del muro de lo eterno.

Mi tiempo yace en el fondo del mundo,
de donde nunca resurgirá.

Inéditos
Melbin Cervantes

 

EL LENGUAJE DE LA PIEDRA

Sobre ríos que no cesan
viaja el lenguaje.

El castigo Agamenón es vestir de culpa.

Empapar nuestra frente de hiel
empujados por el frío de la noche
a un acantilado de pesadillas.

Comer el pan de la gangrena,
el beso árido
de la mortandad.

El jadear de los caballos es fuego latente.

Nos persiguen. Los jinetes y sus espadas.

¿Somos cobardes?

¿Habrá defensa para nuestras faltas?

El lenguaje de esta piedra que tenemos
por corazón: sólo sabe nombrar
vitupera lo sagrado.

El castigo Agamenón es ser nuestra ruina.

*

EN MI CASA HAY UNA ZANJA CAVADA
para enterrar al mundo.

Para protegerlo de sí mismo.

Las pupilas no pueden mirar
más allá del abandono.

Solo se retuercen mirando
a la luna blanca sabotear
el baile de las estrellas.

Adelanto unos pasos con miedo
y trato de tomar al mundo
pero es imposible moverlo,
de su trono de muerte
y de su sueño de guerra y profecías.

En mi casa hay una zanja cavada
llena de lágrimas.

*

LUMBRE

Cuando despierto
entre tus brazos
hay fuego en tus ojos y neblina
en los míos

Cuánto deseo
dejar de ser sombra
para volverme
lumbre.

*

CARIDAD

Un sol que ha esperado tanto para conocerte
abre sus ojos y canta.

¿Pueden tus oídos escuchar la pasión
de su voz?

Tus ojos, han esperado tanto. Han esperado
tanto que el amor se ha enfriado.

Estoy aquí solo para ti. Otra lluvia cae
sobre tus mejillas de porcelana. Has domado
las ganas de correr hacia el horizonte desangrado
en su reflejo marítimo
y arde como arde el corazón
de los hombres cuando aman.

Estamos bajo el atroz fuego que nos consume.

Estoy aquí solo por ti, consumiéndome a tu lado.
¿Pueden tus oídos escuchar aquella lejana voz?

Tus uñas nunca deben saber dónde enterré
lo mejor de mí. Bajo qué tierra maldita con enfado
la voz del alba me negó
la caridad que busqué
tanto en tus brazos.

*

LA PROCESIÓN CAMINA sobre un campo de  hielo.

El cielo llora sepulcral diamantina.
Será cierta la epifanía de un sol dadivoso más allá de las colinas.
Será cierto el mimo del sauce al liquen con su canción.
El vértigo separa al musgo de las rocas.
Si ayer ondeaban las voces, hoy solo escucho mi voz.
¿Ya no hay más paso hostil asediando el porvenir?
¿Se podrá sonreír ahora? Lo sabrán mis labios
al desvestirse de las estrías del cansancio. –Dijo la anciana
a su corazón y expiró. –La multitud que iba detrás
pasaba sobre ella.

¡Explicaré la retirada a mis hijos con orgullo!
Sabrán que la valentía nos tomó por hermanos,
y la muerte se arrepintió de profanar lo caído,
y el Cielo nos brindó un presente para levantarlo.
No existieron panes suficientes para alimentar
cada amarilla y seca boca; no existieron
panes en lo absoluto, solo cenizas de cimientos
embadurnando nuestros rostros.
Pero como alimento y líquido nos bastó el mañana.
La sangre incendiaba  nuestras venas
al fundirse con la pólvora de  la metralla,
sin embargo, nos hundía la carne en un abismo
el frío de la desolación.
¡Triunfo! El triunfo, será la premisa en mis relatos
cuando se levante la mañana sobre nuestra aldea
y en el canto del gallo vibre un día normal. –Se decía
a sí mismo el joven poeta yendo a la cabeza de  la procesión.
*

BOXEO DE SOMBRAS

Si no fuese por el viejo
deambularía en una peregrinación
solitaria.

Quiero ser el más fuerte
en cada respiro, en cada movimiento
de piernas, en cada golpe.
Quiero destetar de un puñetazo
a cada mocoso que me enfrente.

Mis pasos me llevarán a la gloria.

Antes
como un matón callejero
estas fuerzas,
está sangre capaz de tirar una montaña
enviaba a muchos hijos de perra al hospital

Con solo mirarme
con solo respirar cerca de mí, compañero,
puedo asegurarte que la pasabas mal.

¡Campeón! ¡Campeón!
La multitud agitada, bulle en alaridos por verme.

¡Campeón! ¡Campeón!
Si ella lo escuchase…

Pero donde ella se encuentra,
los oídos no sirven para nada.

Si tan solo dios apareciera frente a mí
tendría la oportunidad de encajarle
todas las que me debe.

 

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